La vicepresidenta María José Pinto se iba a quedar en Otavalo, pero Ecuavisa informó que también se fue en helicóptero.

La valentía de Daniel Noboa duró poco en Otavalo (Imbabura). El presidente llegó a la ciudad en la madrugada para evitar las protestas que afectan a la ciudad desde el pasado lunes por el retiro del subsidio del diésel.
Previamente un enorme convoy de policías y militares salieron de Quito rumbo a Otavalo para preparar la cápsula de seguridad del mandatario.
Así llegó a Noboa y la ciudad amaneció militarizada como nunca antes. Allí se atrincheró el presidente, que un día antes dijo que prefiere morir antes que ceder ante las manifestaciones.
Esta vez incluso dijo que si el movimiento indígena lo declara persona non grata en Otavalo, él hace lo mismo pero a niel nacional con los dirigentes.
Imágenes en redes sociales mostraron a manifestantes gritando consignas contra el Gobierno en los exteriores del cerco militar.
A medidas que transcurrió la mañana, el número de protestantes aumentó. Por eso, Noboa, que llegó por tierra, no pudo irse de la misma forma.
Antes de que acabe el día un helicóptero militar aterrizó en una cancha de fútbol para llevarse al Presidente.
En la ciudad estaba previsto que se quede la vicepresidenta María José Pinto. Ella despacha desde esta urbe desde inicios de semana.
Pero Ecuavisa informó que ella también se fue en helicóptero, sin ofrecer mayores explicaciones.
Ambos, Noboa y Pinto, no eran bienvenidos en Otavalo. Y eso se acaba de evidenciar con la huída en helicóptero, muy parecido a Lucio Gutiérrez cuando dejó Carondelet, arrinconado por los forajidos.
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