El radiodifusor quiteño se convierte en el ejemplo prefecto de lo que se denomina “prensa corrupta”. Haberse vacunado, antes que el personal médico de primera línea, es un acto de corrupción.

Conmocionado aún por el baño de sangre en las cárceles, el país se quedó absorto por la feria de las vacunas y el cinismo del Gobierno.
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