El CNE negó la participación de la Revolución Ciudadana en la campaña por la consulta popular promovida por Daniel Noboa.

Un escenario parecido al de la consulta de Lenín Moreno se repite ahora con Daniel Noboa. En aquella ocasión a la Revolución Ciudadana se le despojó su casillero judicial y se le impidió participar en la campaña de la consulta.
En ese entonces era presidenta del CNE, Nubia Villacís. Ahora está en ese puesto Diana Atamaint, ejerciendo un rol similar.
Villacís hizo todo lo posible para que aquella consulta no pase por el filtro de la Corte Constitucional, y lo logró. Atamaint también, pero no se atrevió, solo que ahora los jueces claudicaron, víctimas de la presión del oficialismo.
Sin embargo, Atamaint da un paso más allá. Basada en tecnicismo legales impidió que la Revolución Ciudadana participe en la campaña electoral promoviendo el no.
¿Qué significa eso? Que la consulta parte con una falla democrática que la deslegitima desde ya.
No puede haber un proceso electoral equilibrado, democrático y justo sin que participen todos, especialmente la oposición.
Y la Revolución Ciudadana, muy a pesar de las personas consumidas por el odio, es la principal tienda política de oposición.
Es cierto que hay otras agrupaciones políticas que se inscribieron por el no, pero no la principal fuerza política del país, la que gobierna las ciudades y provincias más pobladas del país, además de contar con una bancada de 62 legisladores.
Semejante representación popular no podrá participar en una campaña, que será restringida. A eso se suma que la Revolución Ciudadana, con amplias conexiones con la izquierda internacional, no podrá traer invitados que hagan las veces de observadores.
Así la consulta nace torcida, con un pecado original. Es, desde ya, una consulta fraudulenta.
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